
Cuando leí acerca de su historia, y revise minuciosamente sus cartas, me pareció una mujer, a lo menos, adelantada a la realidad del siglo XVIII.
Abigail Adams Smith es la esposa del segundo presidente de los Estados Unidos, John Adams y madre del sexto, John Q. Adams. Se dedico por completo a la lucha por la defensa de los derechos, que debían gestarse hacia la mujer, principalmente a la opción de optar por una educación utópica, por aquellos días en una Federación Norteamericana conservadora.
Estamos a pocos meses de observar como deja el cargo el primer ejecutivo femenino en Chile, el cual, se ira posiblemente con la mas alta popularidad que un presidente haya tenido.
Esto no veda que sigan existiendo grandes dificultades para nivelar la balanza de géneros en derecho y oportunidades, no solo en Chile, sino, que en toda la región latinoamericana, sobresaliendo Brasil y Perú.
Seria necesario para algunos, darse el tiempo de leer las cartas que Smith le desplegaba a su esposo, a ver, si existe alguna identificación con lo señalado hacia nuestro género, que hoy tiene que depender, como siempre, a una mujer, para ver si obtiene un resultado que solo no lograría.
Esta cara esta dedicada a los candidatos en su generalidad, los cuales siguen instaurando a sus esposas, como carnadas de votos blandos, pero sin una estrategia de desempeño en un futuro gobierno de forma seria. Es reconocido que todos los presidenciables tienen conyugues capacitadas para ejercer labores “serias” en alguna institución gubernamental, o véase el ejemplo de Michelle Obama, esposa del primer mandatario estadounidense, la cual mostró su desafección a no ser renumerada por su cargo de primera dama, cuando tuvo que renunciar a uno de los mas prestigiosos Bufete de Abogados de Chicago, donde era la mas requerida, y la mas difícil, monetariamente hablando, de conseguir. Aquí dejo una sublime carta de Abigail Smith, que deja un pequeño esbozo de cómo luchaba hace mas de doscientos años, por algo que todavía no esta completamente resuelto.
(A John Adams de su mujer, Abigail) 31 marzo 1776
Abigail Adams Smith es la esposa del segundo presidente de los Estados Unidos, John Adams y madre del sexto, John Q. Adams. Se dedico por completo a la lucha por la defensa de los derechos, que debían gestarse hacia la mujer, principalmente a la opción de optar por una educación utópica, por aquellos días en una Federación Norteamericana conservadora.
Estamos a pocos meses de observar como deja el cargo el primer ejecutivo femenino en Chile, el cual, se ira posiblemente con la mas alta popularidad que un presidente haya tenido.
Esto no veda que sigan existiendo grandes dificultades para nivelar la balanza de géneros en derecho y oportunidades, no solo en Chile, sino, que en toda la región latinoamericana, sobresaliendo Brasil y Perú.
Seria necesario para algunos, darse el tiempo de leer las cartas que Smith le desplegaba a su esposo, a ver, si existe alguna identificación con lo señalado hacia nuestro género, que hoy tiene que depender, como siempre, a una mujer, para ver si obtiene un resultado que solo no lograría.
Esta cara esta dedicada a los candidatos en su generalidad, los cuales siguen instaurando a sus esposas, como carnadas de votos blandos, pero sin una estrategia de desempeño en un futuro gobierno de forma seria. Es reconocido que todos los presidenciables tienen conyugues capacitadas para ejercer labores “serias” en alguna institución gubernamental, o véase el ejemplo de Michelle Obama, esposa del primer mandatario estadounidense, la cual mostró su desafección a no ser renumerada por su cargo de primera dama, cuando tuvo que renunciar a uno de los mas prestigiosos Bufete de Abogados de Chicago, donde era la mas requerida, y la mas difícil, monetariamente hablando, de conseguir. Aquí dejo una sublime carta de Abigail Smith, que deja un pequeño esbozo de cómo luchaba hace mas de doscientos años, por algo que todavía no esta completamente resuelto.
(A John Adams de su mujer, Abigail) 31 marzo 1776
... en el nuevo código de leyes, que supongo tendréis que redactar, desearía que te acordases de las damas, y que fueses más generoso y condescendiente con ellas que tus antepasados. No pongas un poder tan ilimitado en las manos de los maridos. Recuerda que todos los hombres serían tiranos si pudiesen. Si no se nos presta especial atención y cuidado a las damas, estamos decididas a organizar una rebelión y no nos consideraremos obligadas a obedecer ninguna ley en la que no hayamos tenido ni voz ni voto. Que los de tu sexo sois, por naturaleza, tiránicos, es una verdad tan cabalmente establecida que no admite discusión; pero aquellos que deseéis la felicidad, debéis suprimir el duro título de amo por otro más afectuoso y tierno, como es el de amigo. Por lo tanto, ¿por que no dejar fuera de la potestad de los malvados y de los sin ley el poder valerse impunemente de nosotras con crueldad e indignidad? Los hombres sensatos de sodas las épocas han sentido aversión por esas costumbres, por las que se nos trata únicamente como esclavas de vuestro sexo.

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