lunes, 19 de octubre de 2009

Grande o Chico?


Estamos en los últimos metros de la carrera presidencial, y como tal, ya empezamos a simpatizar con las arduas bataholas políticas, que se gestan estratégicamente en la finalidad de imponer ideas programáticas, las cuales, lograran invertir algunos votos blandos, adquirirá el apoyo de indecisos, y causaran dentro de los medios de opinión, la discusión de cuales serán las políticas “correctas”, para el progreso de la nación.
Uno de los temas que ha causado una alta preferencia, por la importancia que genera esto en una futura actuación del hombre que obtenga el ejecutivo, recae en el tamaño que debe tener el Estado, para conciliar, por una parte el control que debe ejercer el gobierno, en pos de un Estado de Bienestar optimo, y la correcta circulación de un mercado nacional, cada vez mas competitivo a nivel mundial.
El Estado es una antigua institución humana, que gesta su origen, como sabemos, en las sociedades agrícolas de Mesopotamia. La importancia que radico la construcción de los Estados, se basa en la capacidad que estos otorgaban en la proporción de orden, seguridad, leyes y derechos de propiedad, que hizo posible el crecimiento del mundo económico y político que concebimos hoy.
Se puede afirmar, sin temor a exponer algún error censurable, que durante el siglo XX, la controversia fundamental dentro de la política occidental, estuvo sujeta al tamaño y la fuerza que debía adquirir el Estado.
Dentro de esta discusión, en la práctica, la reducción del tamaño del Estado, fue el asunto cualitativamente palpable durante la década de los ochenta y principios de los noventa, cuando una gama de países del mundo, llámese Latinoamérica, África y Asia, salieron del dominio autoritarista, conformando a llamada “tercera ola de la democratización”.

El tamaño en este caso… no importa

Al pretender realizar un debate sobre el tamaño estatal en países en Desarrollo, como es Chile, esta debe ser sin mirar demasiado a naciones como Estados Unidos o España, estos, como reconocidos elementos polarizados dentro del eje del tamaño estatal gestado por Fukuyama (2004).
Los países en vías de desarrollo deben tener Estados que fortalezcan las vías institucionales existentes, las cuales instan a la sociedad civil a concebirse bajo un órgano de eficacia, y que otorgue instituciones gubernamentales nuevas, las cuales puedan auxiliar las impotencias que se le reconocen al sector privado.
Esto no debe dar a entender que se necesita un Estado más grande, sino, que se goce de un aparato fuerte, que no entregue a la mano invisible, la totalidad ética de un mercado privado, cada vez más complejo.
Un país como Egipto, por ejemplo, dispone de un aparato interno de seguridad muy eficaz y, sin embargo, no es capaz de llevar a cabo con eficiencia tareas como la tramitación de solicitudes de visados o la autorización de licencias para pequeños negocios.
Otros países, como México o Argentina, han obtenido unos resultados relativamente decentes al reformar algunas instituciones estatales como el Banco Central y, sin embargo, otros no tan buenos a la hora de controlar la política fiscal o prestar un servicio de educación o de sanidad publica de buena calidad.
La discusión no debe concentrarse en la dimensión del aparato estatal, aun más, si se reconoce de parte de todos los candidatos, las deficiencias que tienen una gran cantidad de servicios, los cuales deben fortalecer sus políticas y eficacias en gestión y diseño, por lo que, citando Hungtinton, debe generarse un debate que mejore la eficacia en la construcción del Estado Chileno, el cual tiene falencias, por lo que debe insertarse nuevos modelos de desarrollo de servicios, que si son mejorados, como la educación, solo con ese índice, podría considerarse que el próximo gobierno tendrá un desempeño aceptable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario