
Desde muy pequeño, fui un niño que tenia un interés “magnánimo” en practicar actividades inusuales. Mientras mis compañeros compraban el ultimo balón de moda para jugar fútbol, yo escogí dedicar algunos años de mi vida, con el repudio explicito cotidiano de mi madre, en practicar boxeo. Al ser un joven bastante hiperactivo, siempre busque algún deporte que ocupara la mayor cantidad de energía, ya que, al pasar tantos años de la vida postrado a una cama, por tener un pulmón defectuoso, creo que lo mínimo que podía hacer, después de perder mis primeros años de niñez, sin poder siquiera correr a la esquina a comprar alguna golosina, era practicar la actividad que yo sintiera que fuese para mi, y eso hice.
Todavía recuerdo lo regocijador que fue llegar a una escuela nueva, con una timidez pavorosa, compañeros fastidiosos y, que la profesora al exhibirme al curso exteriorizara “Su nuevo compañerito es muy buen alumno y practica box”. Esa frase tan insignificante, genero una “primavera de Praga” substancial para mi. Mientras no se conociera que simplemente era un niño introvertido, por culpa de lo anti- social de sus primeros años académicos, que los realizo con su madre como profesora, tuve una tregua con mi estadía escolar, por el respeto que les generaba a mis compañeros, la actividad “violenta” que ejercía en mis ratos libres.
Al tiempo de conocerme, se supo en mi escuela, que no poseía las minúsculas condiciones para adquirir el papel del “matón”, por lo que la pausa benedittiana se acabo con un solo “puñete” de un compañero, que al juzgar que le había robado su liquid paper, no encontró mejor solución a mi hurto, que multarme con su insignificante, pero punzante trompazo. Que le costaba entender que dentro del sistema mixto que vivimos durante el último siglo, los mercados conceden productos en cantidades, según necesidades, y su corrector líquido era la misma marca y modelo, pero no el mismo. ¿Era tan difícil advertir por aquel niño de siete años, un principio básico de la economía actual?
Aquel puñete no solo causo que la popularidad se me fuese al suelo, al igual que mi cuerpo al no atender lo que se venia luego de la furia de mi compañero; sino que genero una constante practica de lo cultivado, de forma obligada, por lo irritante de mis compañeros, lo que concluyo inhabilitándome, por mi padre, a seguir practicando box, creyendo que yo era el causante de todas las trifulcas, como si el jamás fue niño, además de nuevo en una escuela, tímido, y con mucha “colación suculenta” de una hermosa madre sobre protectora.
Durante el tiempo que practique mi actividad, tuve como único combate “por los puntos”, aquel puñete por la conservación de mi corrector. Si hoy retornara a la acción, aparecería en mi presentación que tengo una derrota y una victoria. Esta ultima, a un payaso de plástico, que al inflarse se movía de forma constante mientras uno lo apaleaba, siempre volviendo a su centro, pero que de tanto retozar, un día se desinflo, concediéndome la victoria añorada.
Los recuerdos de la niñez son atesorados como aspirinas metafísicas, que te alejan de la cotidianidad adulta, por momentos tediosa, y te hace suplicar volver a vivir, sea por un instante, en mi caso, aquel lapso de mi primer y único round, donde todavía creía, que aprendiendo aquel arte del boxeo, estaría mas cerca del trabajo al que aspiraba en mis sueños. El ser el mejor superhéroe.
Generemos política…ahora.
Todavía recuerdo lo regocijador que fue llegar a una escuela nueva, con una timidez pavorosa, compañeros fastidiosos y, que la profesora al exhibirme al curso exteriorizara “Su nuevo compañerito es muy buen alumno y practica box”. Esa frase tan insignificante, genero una “primavera de Praga” substancial para mi. Mientras no se conociera que simplemente era un niño introvertido, por culpa de lo anti- social de sus primeros años académicos, que los realizo con su madre como profesora, tuve una tregua con mi estadía escolar, por el respeto que les generaba a mis compañeros, la actividad “violenta” que ejercía en mis ratos libres.
Al tiempo de conocerme, se supo en mi escuela, que no poseía las minúsculas condiciones para adquirir el papel del “matón”, por lo que la pausa benedittiana se acabo con un solo “puñete” de un compañero, que al juzgar que le había robado su liquid paper, no encontró mejor solución a mi hurto, que multarme con su insignificante, pero punzante trompazo. Que le costaba entender que dentro del sistema mixto que vivimos durante el último siglo, los mercados conceden productos en cantidades, según necesidades, y su corrector líquido era la misma marca y modelo, pero no el mismo. ¿Era tan difícil advertir por aquel niño de siete años, un principio básico de la economía actual?
Aquel puñete no solo causo que la popularidad se me fuese al suelo, al igual que mi cuerpo al no atender lo que se venia luego de la furia de mi compañero; sino que genero una constante practica de lo cultivado, de forma obligada, por lo irritante de mis compañeros, lo que concluyo inhabilitándome, por mi padre, a seguir practicando box, creyendo que yo era el causante de todas las trifulcas, como si el jamás fue niño, además de nuevo en una escuela, tímido, y con mucha “colación suculenta” de una hermosa madre sobre protectora.
Durante el tiempo que practique mi actividad, tuve como único combate “por los puntos”, aquel puñete por la conservación de mi corrector. Si hoy retornara a la acción, aparecería en mi presentación que tengo una derrota y una victoria. Esta ultima, a un payaso de plástico, que al inflarse se movía de forma constante mientras uno lo apaleaba, siempre volviendo a su centro, pero que de tanto retozar, un día se desinflo, concediéndome la victoria añorada.
Los recuerdos de la niñez son atesorados como aspirinas metafísicas, que te alejan de la cotidianidad adulta, por momentos tediosa, y te hace suplicar volver a vivir, sea por un instante, en mi caso, aquel lapso de mi primer y único round, donde todavía creía, que aprendiendo aquel arte del boxeo, estaría mas cerca del trabajo al que aspiraba en mis sueños. El ser el mejor superhéroe.
Generemos política…ahora.


