
Señalan utópicamente algunos, que la política tiene elementos altruistas, herméticos cualitativamente.
Siempre tengo presente como cualquier estudiante de politologìa, lo que te enseñan bíblicamente en clases, cuando el profesor señala que todos los que piensan que las motivaciones confesadas por un candidato o que llevan al votante a tomar la medida que plasma en su papeleta, eran manifestaciones del corazón, se echaba el ramo, pero con palabras un poco más violentas.
Siempre las acciones políticas son razonamientos individualistas, gestando a mi parecer un vació entre vivencias ajenas a la política, que en ocasiones ingresan al espacio político, siendo los candidatos individuos públicos y los hechos que tienen finalidades maquiavélicas, como la mayoría de las que uno percibe en la arena política diariamente. Si me apoyo en las palabras de Aristóteles, que señala que si quiero entender donde se encuentra el núcleo político del ser humano, “debo observar el camino que siguen las venas”, jamás hallaré la posibilidad de unirme al grupo que cree que no se pueden encajar muchos momentos vividos, en lo recientemente señalado. Hay situaciones que uno vive sin estrategias, sin buscar la consumación de algo previamente razonado, creo.
¿Tendrán ese criterio los candidatos, cuando votan por el amigo de coalición que no alcanzo a llegar a la sala, se arriman a la primera fila de un desfile militar solo por amor a la patria, optan por establecer sus sedes parlamentarias en lugares poco habituales o conversan del amor por su mujer en el canal católico?
Hace pocos días la política occidental ha sufrido una gran cantidad de eventos que refuerzan tal teoría. En Inglaterra, por primera vez en la Historia de ese país, fue separado de su cargo el presidente de la cámara de los comunes junto a otros cinco representantes de la cámara, al encontrar la malversación de fondos públicos que habían efectuado candidatos elegidos democráticamente.
En Chile, luego de un reportaje emitido por el canal estatal, se desenmaraño información de ciertos Diputados, que generan prácticas “no muy valoradas por la opinión pública”.
¿Toda esta información abrazara la apocalíptica tesis que estableció hace un par de años el sociólogo Richard Sennett, en su reconocido libro El declive del Hombre público?
Desde el punto de vista de la opinión pública juvenil chilena, los sucesos ocurridos, solamente acrecienta aun más la brecha de lejanía que existe entre la política y esta gran masa de personas. Es lo que se conoce en Ciencia Política como la “mala política”, cuando se hallan cierto tipo de acciones ejecutadas por representantes de la ciudadanía, que buscan intereses particulares, con maniobras poco nítidas que revelan un conjunto de prácticas realizada por políticos de todos los colores y matices, que son contrarias a la política que se quiere generar hoy en día, para un mejor país, como diría un demagogo.
Generemos política...ahora.
Siempre tengo presente como cualquier estudiante de politologìa, lo que te enseñan bíblicamente en clases, cuando el profesor señala que todos los que piensan que las motivaciones confesadas por un candidato o que llevan al votante a tomar la medida que plasma en su papeleta, eran manifestaciones del corazón, se echaba el ramo, pero con palabras un poco más violentas.
Siempre las acciones políticas son razonamientos individualistas, gestando a mi parecer un vació entre vivencias ajenas a la política, que en ocasiones ingresan al espacio político, siendo los candidatos individuos públicos y los hechos que tienen finalidades maquiavélicas, como la mayoría de las que uno percibe en la arena política diariamente. Si me apoyo en las palabras de Aristóteles, que señala que si quiero entender donde se encuentra el núcleo político del ser humano, “debo observar el camino que siguen las venas”, jamás hallaré la posibilidad de unirme al grupo que cree que no se pueden encajar muchos momentos vividos, en lo recientemente señalado. Hay situaciones que uno vive sin estrategias, sin buscar la consumación de algo previamente razonado, creo.
¿Tendrán ese criterio los candidatos, cuando votan por el amigo de coalición que no alcanzo a llegar a la sala, se arriman a la primera fila de un desfile militar solo por amor a la patria, optan por establecer sus sedes parlamentarias en lugares poco habituales o conversan del amor por su mujer en el canal católico?
Hace pocos días la política occidental ha sufrido una gran cantidad de eventos que refuerzan tal teoría. En Inglaterra, por primera vez en la Historia de ese país, fue separado de su cargo el presidente de la cámara de los comunes junto a otros cinco representantes de la cámara, al encontrar la malversación de fondos públicos que habían efectuado candidatos elegidos democráticamente.
En Chile, luego de un reportaje emitido por el canal estatal, se desenmaraño información de ciertos Diputados, que generan prácticas “no muy valoradas por la opinión pública”.
¿Toda esta información abrazara la apocalíptica tesis que estableció hace un par de años el sociólogo Richard Sennett, en su reconocido libro El declive del Hombre público?
Desde el punto de vista de la opinión pública juvenil chilena, los sucesos ocurridos, solamente acrecienta aun más la brecha de lejanía que existe entre la política y esta gran masa de personas. Es lo que se conoce en Ciencia Política como la “mala política”, cuando se hallan cierto tipo de acciones ejecutadas por representantes de la ciudadanía, que buscan intereses particulares, con maniobras poco nítidas que revelan un conjunto de prácticas realizada por políticos de todos los colores y matices, que son contrarias a la política que se quiere generar hoy en día, para un mejor país, como diría un demagogo.
Generemos política...ahora.

pt había escrito un comentario enorme y se me borró...en fin, me costó un poco entender la entrada pero creo haber intuido correctamente lo que decía.
ResponderEliminarMi percepción en la evolución de la política es que siempre comienza con gobiernos más autoritarios para así seguirle la democracia (amén), y aquel caracter "altruista" de la política me lo imagino perfecto en las aristocracias, donde sí existia política (no como en la monarquía) pero a la vez era una política nueva, en pañales, imperfecta. En la democracia creo que el altruismo de la política es una carga de tiempos anteriores, una carga que permanece por la costumbre de los ciudadanos y sus representantes, y una carga que, naturalmente, las nuevas generaciones no pueden entender. Hago un llamado a la instrospección, para no tropezar dos veces con la misma piedra, y un llamado a la acción, cautelosa, pero eficiente.
Saludos!