
Seamos francos. Las cartas han sido lanzadas a la mesa, y más allá, de los votos blandos que puedan entregar una alza porcentual minima de forma inesperada hacia un candidato, sostengo luego de muchas conversaciones laborales y bastantes horas de estudio acerca de los movimientos electorales que ha sufrido el país desde su vuelta a la democracia, las predicciones para el trece de diciembre, ya pueden entregarse, sin temor a sufrir graves falencias en la argumentación.
Hay un dato trascendental, que gesta un análisis de parte de los jóvenes, que debe instaurarse para una próxima elección, aunque sea la del próximo presidente de la junta de vecinos.
Desde la elección presidencial que otorgo el cargo ejecutivo a Patricio Aylwin, ha muerto un poco más de un millón de votantes que asistieron a la urna en aquel prodigioso instante de 1989. Incorporando los ciudadanos inscritos en las contiendas posteriores, les puedo entregar un dato que ciertamente entrega un antecedente primordial. El 85% de los votantes de la elección que se avecina, son los mismos que votaron en el triunfo del afable candidato democratacristiano, entregando una constante luego de las posteriores elecciones, que se repite en una gran cantidad de países de esta región, en su mayoría conservadores por indeosincracia.
El candidato independiente ha aumentado considerablemente su apoyo en intención de voto según la encuesta CEP, pero esta ha sido de forma lenta, por lo que, a menos que surja una debacle en alguna política publica del ejecutivo como el Transantiago, pero que recordemos, ya fue hace tres años, el paso a segunda vuelta, ya me atrevo a señalar, aunque me duela el alma, que es imposible. Los medios de comunicación, junto a las versiones estratégicas de los comandos, han motivado un ambiente desalmado del sistema política nacional, que no es tal. Sugerir que los partidos políticos han sufrido cambios graves, o que el mapa político ha sido desviado hacia ejes partidarios nacientes, es una argumentación prematura. Todavía no existe una expresión cualitativa del fenómeno MEO en el parlamento, y según las encuestas, puede no tenerlas. El sistema partidario chileno es de los mas estables de Latinoamérica, y mas allá de que este sujeto en gran parte al poder que ha unido a una gran cantidad de partidos de centro izquierda, estamos lejos de vivir una realidad política como la vivida en Venezuela, Bolivia o Italia a comienzos de la década de los noventa. El desencanto a la Concertación existe, y eso podría otorgarle el escaño ejecutivo a la alianza, pero, entregarle la disputa de una segunda vuelta al candidato independiente, visualizando la realidad que analizamos un mes previo a la elección, es más que improbable.
El presidente, lo que si puede cambiar…
Pretender entregar un resultado para señalar quien “disfrutara” del sillón presidencial en marzo, es de desequilibrados. Los cambios han sido palpables. La concertación no competirá con la primera opción porcentual en la segunda vuelta. El conglomerado no está seguro de los votos de la izquierda independiente, y solo cuenta en el comando, con la votación de Arrate que ha servido de verdugo de MEO. Esto, ya que la izquierda tradicional extraparlamentaria, la cual según resultados históricos promedia un 3,5%, ha aumentado su intención de voto, y esto en contra del díscolo. Si llegase a triunfar en la estrecha segunda vuelta el ex presidente, creo que gran parte de las congratulaciones serán para la estrategia impuesta por el respetable candidato del juntos podemos. Ha logrado encantar a un votante difícil, que tiene un hastío al sistema binominal y a los arreglos que han establecido tradicionalmente con la concertación, por lo que se esperaba que en la inserción del fenómeno independiente, muchos abrazarían una propuesta ajena a la actualidad política, pero no fue así.
Lo de Piñera es claro. Si logra obtener la presidencia, será a lo Maradona. En el ultimo partido y a pocos minutos de terminar. No se sorprendan si la votación termina por un 51% frente a un 49, que cada vez se ve muy probable.
Hay un dato trascendental, que gesta un análisis de parte de los jóvenes, que debe instaurarse para una próxima elección, aunque sea la del próximo presidente de la junta de vecinos.
Desde la elección presidencial que otorgo el cargo ejecutivo a Patricio Aylwin, ha muerto un poco más de un millón de votantes que asistieron a la urna en aquel prodigioso instante de 1989. Incorporando los ciudadanos inscritos en las contiendas posteriores, les puedo entregar un dato que ciertamente entrega un antecedente primordial. El 85% de los votantes de la elección que se avecina, son los mismos que votaron en el triunfo del afable candidato democratacristiano, entregando una constante luego de las posteriores elecciones, que se repite en una gran cantidad de países de esta región, en su mayoría conservadores por indeosincracia.
El candidato independiente ha aumentado considerablemente su apoyo en intención de voto según la encuesta CEP, pero esta ha sido de forma lenta, por lo que, a menos que surja una debacle en alguna política publica del ejecutivo como el Transantiago, pero que recordemos, ya fue hace tres años, el paso a segunda vuelta, ya me atrevo a señalar, aunque me duela el alma, que es imposible. Los medios de comunicación, junto a las versiones estratégicas de los comandos, han motivado un ambiente desalmado del sistema política nacional, que no es tal. Sugerir que los partidos políticos han sufrido cambios graves, o que el mapa político ha sido desviado hacia ejes partidarios nacientes, es una argumentación prematura. Todavía no existe una expresión cualitativa del fenómeno MEO en el parlamento, y según las encuestas, puede no tenerlas. El sistema partidario chileno es de los mas estables de Latinoamérica, y mas allá de que este sujeto en gran parte al poder que ha unido a una gran cantidad de partidos de centro izquierda, estamos lejos de vivir una realidad política como la vivida en Venezuela, Bolivia o Italia a comienzos de la década de los noventa. El desencanto a la Concertación existe, y eso podría otorgarle el escaño ejecutivo a la alianza, pero, entregarle la disputa de una segunda vuelta al candidato independiente, visualizando la realidad que analizamos un mes previo a la elección, es más que improbable.
El presidente, lo que si puede cambiar…
Pretender entregar un resultado para señalar quien “disfrutara” del sillón presidencial en marzo, es de desequilibrados. Los cambios han sido palpables. La concertación no competirá con la primera opción porcentual en la segunda vuelta. El conglomerado no está seguro de los votos de la izquierda independiente, y solo cuenta en el comando, con la votación de Arrate que ha servido de verdugo de MEO. Esto, ya que la izquierda tradicional extraparlamentaria, la cual según resultados históricos promedia un 3,5%, ha aumentado su intención de voto, y esto en contra del díscolo. Si llegase a triunfar en la estrecha segunda vuelta el ex presidente, creo que gran parte de las congratulaciones serán para la estrategia impuesta por el respetable candidato del juntos podemos. Ha logrado encantar a un votante difícil, que tiene un hastío al sistema binominal y a los arreglos que han establecido tradicionalmente con la concertación, por lo que se esperaba que en la inserción del fenómeno independiente, muchos abrazarían una propuesta ajena a la actualidad política, pero no fue así.
Lo de Piñera es claro. Si logra obtener la presidencia, será a lo Maradona. En el ultimo partido y a pocos minutos de terminar. No se sorprendan si la votación termina por un 51% frente a un 49, que cada vez se ve muy probable.

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