
Hoy sentado en mi escritorio, mientras elaboraba un informe, sentía que poco a poco mi vida se llenaba de días grises y siendo más sincero, de demasiados instantes nebulosos. Por lo que, intentando mejorar la tediosa mañana, saque unos audífonos gastados y comencé a escuchar la música que tenia el computador, descargada por el anterior perezoso que lo manipulaba. Entre tanto U2 y los Stones, apareció una de Serrano, que de tantos recuerdos que acarreó, me hizo dejar mi labor de lado unos minutos y escribir una linda anécdota.
El profesor en practica Walter, era el más querido de la escuela, nos enseñaba literatura, o eso aparecía en el texto de notas. Ya que, lo único que nos instruía era sobre Poesía. Todo era muy entretenido en su clase, me atrevería a decir que jamás falte.
Llegaba siempre con un diario bajo el brazo, un montón de evaluaciones agrupadas en un sobre café y una sonrisa, para saludarnos delicadamente y mencionarnos su sentir frente a una situación política del país, que nadie entendía.
En las clases de literatura, era todo tan disímil a la cotidianidad de las otras cátedras, que invitaban a alumnas del colegio de al lado, ya que, el profesor trabajaba, en ambos, y al pertenecer al mismo dueño, mezclaban alumnos en ramos artísticos, para acrecentar nuestro tonelaje creativo, según ellos. Sin tener mucho sentido, mas que disminuir las horas de trabajo del profesor, y con eso, pagarle menos.
Esta mixtura de alumnos causaba un pudor nefando en nosotros, ya que, ver a tantas mujeres, que murmuraban, quizás que cosa, cuando cada uno debía exhibirse frente a todo el curso a leer el poema para “la bandera”, era el execrable examen de personalidad que debíamos sufrir cada semana.
El profesor Walter nos animaba, nos exponía que leyéramos de forma teatral, expresando con el tono de voz la fuerza, acorde a la calidad de nuestra escritura. Todo lo recién expuesto, ahora puedo entenderlo moderadamente, pero en aquel momento, era el instante para ver la hora, comentar el gol, o generar alguna situación que opacara el lenguaje difuso del profesor.
El profesor en practica Walter, era el más querido de la escuela, nos enseñaba literatura, o eso aparecía en el texto de notas. Ya que, lo único que nos instruía era sobre Poesía. Todo era muy entretenido en su clase, me atrevería a decir que jamás falte.
Llegaba siempre con un diario bajo el brazo, un montón de evaluaciones agrupadas en un sobre café y una sonrisa, para saludarnos delicadamente y mencionarnos su sentir frente a una situación política del país, que nadie entendía.
En las clases de literatura, era todo tan disímil a la cotidianidad de las otras cátedras, que invitaban a alumnas del colegio de al lado, ya que, el profesor trabajaba, en ambos, y al pertenecer al mismo dueño, mezclaban alumnos en ramos artísticos, para acrecentar nuestro tonelaje creativo, según ellos. Sin tener mucho sentido, mas que disminuir las horas de trabajo del profesor, y con eso, pagarle menos.
Esta mixtura de alumnos causaba un pudor nefando en nosotros, ya que, ver a tantas mujeres, que murmuraban, quizás que cosa, cuando cada uno debía exhibirse frente a todo el curso a leer el poema para “la bandera”, era el execrable examen de personalidad que debíamos sufrir cada semana.
El profesor Walter nos animaba, nos exponía que leyéramos de forma teatral, expresando con el tono de voz la fuerza, acorde a la calidad de nuestra escritura. Todo lo recién expuesto, ahora puedo entenderlo moderadamente, pero en aquel momento, era el instante para ver la hora, comentar el gol, o generar alguna situación que opacara el lenguaje difuso del profesor.
Al pasar el semestre el profesor, cada vez fue un poco más tímido, frente a su clase. En un comienzo, siempre recuerdo que me hizo subirme a la silla, y que comentara mis metas, mis sueños, mis anhelos amorosos, mis miedos, y en conclusión, quien era Gonzalo para mí. Muerto de miedo me escondía en un silencio hasta que le preguntaba a otro mas extrovertido.
Todos discutíamos los posibles escenarios, que hacían que el profesor, ya no fuera, el ídolo que teníamos en un comienzo.
Una noche de fiesta, se nos ocurrió ir a acrecentar nuestra cuantía de litros alcohólicos a un supermercado que, como muchos de acá, son un subconjunto de un ente que contiene mall, farmacia, cine, patio de comidas y hasta funeraria. Llegamos y al pasar entre los estacionamientos nos encontramos con el profesor Walter. Bajo los efectos etílicos, los sentimientos se multiplican, y fuimos en conjunto a saludarlo, preguntarle de su vida, e invitarlo, obviamente a la fiesta. El no respondía a ninguna de nuestras preguntas, parecía estar en un estado intensamente más penoso que el nuestro. Al observar que había en el interior de su auto, un Fiat rojo mal cuidado, nos dimos cuenta, el porqué de todo su cambio.
Estaba sentada en el asiento de acompañante la Deborah, una amiga del colegio de niñas, que se sentaba dos asientos más adelante en mi clase de poesía.
Yo preferí hacerme el intoxicado, en su estado fatal, lo que me hacia no reconocer a través de vidrios transparentes. A ese nivel de incomodidad.
De vuelta no conversamos el tema, cada uno tenia su opinión, por lo que al exponerla, podía causar algún problema dentro del grupo.
A la semana se supo la noticia, sin saber que compañero inmundo fue el que delato la situación.
Me comentaron internamente que al profesor le obligaron que depusiera la relación que tenia con la alumna, a lo que Walter se opuso. Lo expulsaron, sin antes ser golpeado en pleno patio por otro profesor.
Yo no entendí jamás la situación y menos cuando hace poco me contacte por el a través de Twitter y supe que el sigue con Deborah y que planean casarse el próximo año. Cargando una estable relación de seis años.
Estamos en un mundo tan receloso que muchas veces, solemos generalizar en la putrefacta acción de la mayoría, la nobleza de pocos.
Mi profesor de poesía, es lejos, el profesor que inspiro con mayor ahínco el hambre intelectual que por espasmos aparece en mi organismo.
Jamás dude si era un pedófilo, si cumplía si sueño erótico, o si estaba viviendo dentro de un reportaje para la BBC.
A veces nacen amores incomprensivos, que citando a Serrano las historias de amor, al menos las más bellas, terminan en tragedia. Esta hasta el momento pudo más, y todavía sigue el eco de una situación que convulsiono negativamente a mi escuela, pero que simplemente era el comienzo de la vida, para un simple enamorado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario