jueves, 3 de septiembre de 2009

Chile y su ingreso a la OCDE.


Enterándome de la actualidad, por radio cooperativa, mientras me dirigía a una actividad laboral, escucho la exposición realizada por el Secretario General de la presidencia, José Antonio Viera-Gallo, frente a la posibilidad de que Chile ingrese a la OCDE.
Surgieron bastantes interrogantes cuando escucho al Secretario señalar “Ser miembro pleno de la OCDE significa tener a nivel internacional un sello de calidad, garantía y de seriedad”.

¿Que es la OCDE?, ¿Cual es la gravitación que tiene el ingreso al organismo para el país?
La organización para la cooperación y el desarrollo económico gesta sus objetivos en la coordinación que establezcan sus Estados miembros, los cuales otorgan al mundo el 70% del mercado mundial, en sus políticas económicas y de carácter social.
El órgano con sede en Paris, anuncio hace pocos días en un comunicado expuesto por su Secretario General, el mexicano José Ángel Gurría, que en su mandato seguirán favoreciendo la expansión del comercio mundial sobre una base multilateral y no discriminatoria conforme a las obligaciones internacionales.
En lo que compete a Chile el organismo es claro “En mayo de 2007, el Consejo ministerial de la OCDE empezó a analizar y discutir el acceso de Chile, Estonia, Eslovenia, Israel y Rusia a la organización, siendo Chile y Estonia los únicos dos países en completar el proceso de incorporación en menos de un año. Chile y Estonia son los únicos países que poseen, de acuerdo con la organización, los estándares de desarrollo financiero, salud, educación, transporte y comercio exterior acordes con los países fundadores. Destaca Chile por sus inéditos índices de reducción de problemas de desarrollo”.


Todo muy lindo, pero creo que la OCDE debe esperar.


Interiorizándome aun mas, como politólogo de los estudios técnicos que realiza el organismo en los países que pueden integrarse, me sorprende que el Gobierno quiera integrarse a un órgano que establece, como ley máxima el tener un nivel de igualdad social que les permite a sus ciudadanos, en general, ser autónomos en su economía familiar y personal.
Además, los integrantes de la OCDE, tienen una capacidad de reproducción de conocimiento significativo a nivel mundial, invirtiendo en investigación cantidades de dinero utópicas, para las que emplea hoy el gobierno ciudadano de la presidenta.
Porqué se desea con tantas ansias ingresar a este club de elite, cuando Chile, se encuentra entre los cinco primeros del ranking en desigualdad social.
Existen profundas deficiencias en el manejo económico, que gesta un dinamismo en las posibles agendas de los candidatos, que reformarían una gran cantidad de ítems que reivindicarían los ingresos que hasta hoy se desenvuelven erróneamente. Como señala el Doctor en Educación Luis Alfredo Espinoza “No forcemos el desarrollo. Este no se alcanza por decreto o por ser el socio pobre entre ricos. Vivamos las etapas de nuestro subdesarrollo pausadamente, para que cuando llegue el desarrollo, todos los chilenos, sin excepción, sintamos que es nuestra condición natural”.
El ingresar a un Organismo de nublada eficacia como la OCDE, solo atavía la vitrina de trofeos de la Concertación, más que concebir una influencia real, en las políticas socioeconómicas del país.
Un claro ejemplo es el país del Secretario, México, el cual sufre una grave crisis económica, que hizo gestar contactos, nunca antes vistos, con el FMI. El país norteamericano esta lejos de progresar en la calidad de vida de su población, con políticas económicas presentadas por el gobierno de Calderón, que solo conjeturan contrarrestar la inestabilidad económica que vive estos últimos años.
El país debe dejar de obsesionarse por ingresar a cada fiesta, al cual es invitado, y preocuparse de ir creciendo paso a paso, como lo ha hecho hasta hoy, siendo cauto cuando las arcas estén campantes, y con una introspección de la inexacta apariencia de naciones que entablan relaciones con la elite mundial, pero que dentro de su conjunto de quince millones, solo son beneficiados un 16%, sin tener derecho de admisión, la gran mayoría.

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